lunes, 12 de noviembre de 2007

Conclusiones

Creemos, como grupo, que sin duda lo que demarca económicamente al golpe militar es la constitución de 1980. La implementación del sistema capitalista en Chile se suponía que sería la solución al desastroso escenario económico que se heredó del gobierno de Allende. Se crea el sistema neoliberal, en donde el Estado se desligaba totalmente de la economía del país, y en donde los privados podían ser parte, y más bien protagonistas de una economía dinámica y más libre. La asignación de recursos debía depender de la oferta y la demanda en un régimen de libertad de precios; las fuerzas del mercado debían reemplazar a las decisiones del Estado. Este último debía tener un papel subsidiario, lo cual implicaba limitar su tamaño y traspasar al sector privado las empresas estatales que absorbían escasos recursos y eran estimados como ineficientes. Propiciaban la búsqueda del equilibrio fiscal y recomendaban evitar que el déficit fuese financiado con emisiones de dinero. Para ello era necesario devolver la independencia a los bancos centrales, cuya política monetaria debía buscar la estabilidad a través del control de la emisión.

Las primeras tareas que enfrentaron los nuevos equipos económicos fueron el control de la inflación, disminuir la excesiva intervención gubernamental y revertir el bajo crecimiento. El remedio, como dijimos, era liberar los mercados, incluyendo la reducción de las barreras al libre comercio y flujo de capitales.

En nuestro país, se inició también un proceso de privatizaciones de las empresas estatales. El conjunto de estas medidas debía mejorar la distribución de los recursos, eliminar las trabas a la actividad económica y así lograr un crecimiento más alto. Frente a esto, el destacado economista Milton Friedman, de paso por Chile sentenciaría: “es una lástima, que nuestro modelo neoliberal no haya triunfado en regímenes democráticos”.

Chile fue el país que llegó más lejos en aquellas medidas y obtuvo mayores progresos. Su proceso de privatización se inició con la devolución de lo expropiado por la Unidad Popular y la privatización del sistema provisional creándose para ello las Administradoras de Fondo de Pensiones (AFP) en 1981. En una segunda etapa, entre 1985 y 1989, el Estado chileno privatizó una serie de empresas del área de comunicaciones y algunas grandes empresas productoras y de servicio. Con estas ventas, la participación del Estado en el PGB se redujo menos de un 16%.

Gobierno de Patricio Aylwin

Entre 1945 y 1989 Chile vivió en un periodo de inflación crónica generado por los problemas internos y externos de la economía chilena. Tasas de dos y hasta tres dígitos eran provocadas por la emisión excesiva de dinero del Banco Central para controlar el sostenido déficit fiscal.

Sin embargo, a comienzo de los años noventa la situación empieza a mejorar en nuestro país. La eficiencia del Ministerio de Hacienda para mantener el control del gasto fiscal y la participación en las políticas monetarias de un Banco Central con características autónomas para fijar las tasas de inflación hicieron que, durante los ocho años iniciales del gobierno de la concertación desde la elección de Patricio Aylwin, se redujera la inflación a menos de un 10% en 1998.

Además, durante el gobierno de Aylwin se constituyó el Programa de Mejoramiento de la Calidad y Equidad de la Educación (MECE), que básicamente impulsaba el perfeccionamiento de profesores, ayudaba a los adultos a completar su educación e incrementaba las raciones alimenticias escolares. En la educación superior (universidades tradicionales), se estimuló la elección democrática de sus autoridades, como rectores, decanos y directores. El modelo económico adoptado por Chile, destinado a un desarrollo equitativo y sustentable, tuvo buenos resultados. Al comienzo de la administración del presidente Aylwin la inflación alcanzaba a un 30%, en tanto que, al término del año 1993, esta cifra se redujo a un 12,2%. Del mismo modo, el crecimiento económico registró un aumento sostenido, alcanzando la cifra récord de 10,4% en 1992, el más alto en 27 años.

La relación de Chile con el Mercosur también es un tema importante de este gobierno. Mercosur es el Mercado Común del Sur, unión formada por Uruguay, Paraguay, Argentina y Brasil, creado en 1994. Chile fue invitado a participar de ella pero diferencias arancelarias que proponía Chile en su integración al mercado de América Latina provocaron una abstención para el ingreso. Sin embargo, en 1996 se firmó el proyecto de acuerdo de libre comercio de Chile con el Mercosur, en el cual se estableció un marco jurídico e institucional para la cooperación económica e integración física.

Gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle

Corresponde al período entre 1994 y 2000. En el gobierno de Frei se dio mucho énfasis a las relaciones internacionales de Chile en el ámbito económico, iniciando los acuerdos para, en el futuro, firmar tratados de libre comercio, inversiones en infraestructura y la modernización y el crecimiento de la economía chilena.

Dentro de los avances económicos del gobierno de Eduardo Frei destaca el proceso de modernización económica y el nuevo acercamiento al mundo por parte de Chile, así como un crecimiento económico durante 1994-1997 con promedio de 8% del PIB. También se produjeron evoluciones en el ámbito económico como la firma de tratados de libre comercio con Canadá, México y los países de Centroamérica, la incorporación de Chile como miembro al Mercosur, a la Organización Mundial de Comercio (OMC) y a la APEC.

La crisis económica en producida principalmente por la Crisis Financiera Asiática, que comenzó con la devaluación de la moneda tailandesa, fue uno de los principales problemas económicos que debió enfrentar el gobierno de Frei. El impacto en la economía mundial fue muy alto, pero se desconoce la exactitud de los problemas que causó a nivel global. Sin embargo, Chile logró recuperarse el 2003 con el repunte de los precios del cobre y el crecimiento económico disminuyendo la cantidad de cesantes, que llegó a un 12% en el auge de la “primera gran crisis de los mercados globalizados”.

La economía del país, vinculada estrechamente al fortalecimiento del comercio exterior chileno, llegó a convertirse en la más fuerte prioridad del gobierno de Eduardo Frei. Los resultados, en términos macroeconómicos, fueron altamente exitosos. Chile logró encabezar el crecimiento económico en Latinoamérica durante 1995. Las cifras son elocuentes: un crecimiento económico del 8,2%, el más alto de la región; la inflación descendió de un 8,9% en 1994, a un 8,2% en 1995, una tasa de ahorro de un 27,3% del Producto Interno Bruto.

La balanza comercial siguió arrojando saldos cada vez más favorables. Los retornos en divisas ingresadas al país también crecieron en forma inesperada. Así, de los 11.450 millones de dólares alcanzados en 1994, aumentaron en 16.039 millones en 1995, debido al alto precio de cotización del cobre, la celulosa y el harina de pescado.

Otro elemento característico del gobierno de Frei es la implementación de centrales eléctricas como Ralco y Colbún, lo que a la larga le trajo serios problemas políticos por una cuestión medioambiental y los daños que podían ser causados a los pehuenches en el Alto Bío Bio.

Analizando al Gobierno Laguista




Más allá de las exageraciones, el gobierno de Lagos merece un análisis cuidadoso. Con él llega a la plenitud la aplicación del modelo neoliberal instaurado por la dictadura militar. Ya no es posible ir más allá. Ricardo Lagos es uno de los líderes de la llamada “tercera vía”, impulsada por el socialismo europeo y las corrientes socialdemócratas estrechamente vinculadas al imperio norteamericano. Lagos recorrió el mundo hablando del “milagro chileno”, que implícitamente legitima el modelo económico de Pinochet. Para Washington, Lagos es el paradigma del “izquierdista bueno”, capaz de mantener excelentes relaciones con el imperio porque no obstaculiza la globalización capitalista. Al contrario, colabora eficazmente con ella.

Un análisis de su gestión debería dar respuesta a una pregunta inquietante: ¿Cómo un gobierno que logra promedios de crecimiento mediocres -inferiores a los de Patricio Aylwin y Eduardo Frei Ruiz-Tagle-, que sirve de instrumento a los designios norteamericanos en la región y que no resuelve los problemas principales de la sociedad, que incluso los agrava, es visto como un gobierno de Izquierda y obtiene niveles de aprobación tan elevados?

UN EXITO QUE ES FRACASO

Chile figura entre los países considerados con mejor manejo macroeconómico en el mundo. Esa circunstancia provoca elogios desmedidos, pero, paradojalmente, constituye un ejemplo límite de lo que significa ese tipo de éxito. En ese contexto, es aparentemente inexplicable que con un ingreso per cápita cercano a los 7.000 dólares, haya tres millones de pobres, 500 mil desempleados y que falten 500 mil viviendas, sin mencionar los tremendos déficits en salud y educación. Mientras el 45% de los jóvenes de familias pobres que buscan trabajo no lo encuentran, la educación chilena vegeta entre las peor evaluadas del mundo (en las últimas evaluaciones PISA apareció en los lugares 35 y 36, de un total de 41 países). Aumenta la desigualdad de ingresos: entre 1990 y 2005 la distancia entre el 5% más rico y el 5% más pobre se elevó de 110 a 220 veces. El sistema previsional se encuentra en crisis, imposibilitado de ofrecer prestaciones adecuadas a millones de afiliados a las AFP que deberán recibir miserables pensiones mínimas financiadas por el Estado. Entretanto, en el sistema de AFP hay acumulados más de 70 mil millones de dólares.

La concentración del capital en Chile es impresionante. Según el FMI, en 2004 Chile tenía el mercado bursátil más concentrado de América Latina y de las economías emergentes del mundo. Sólo el 38% de los títulos no estaban en manos de los controladores, y el año 2003 tres grupos económicos concentraban el 74% del patrimonio de todas las sociedades anónimas. Las utilidades de las grandes empresas suben año a año -y durante el gobierno de Lagos han batido récords-. Las de los bancos culminaron en 2005, al finalizar el sexenio, con una ganancia de más de 778 mil millones de pesos (1.467 millones de dólares), lo que significa un aumento del 12,78% respecto del año anterior.

El ejemplo que mejor caracterizó la política económica del gobierno de Lagos fue la relación con las transnacionales que invierten conforme a las garantías establecidas en el DL 600, sobre inversión extranjera, impuesto por la dictadura. De esas transnacionales las más importantes están en la gran minería del cobre, y producen prácticamente el doble que la empresa estatal Codelco principalmente a base de concentrados, es decir, con muy escaso nivel de elaboración. Más o menos a mediados de 2003 se incrementó la producción cuprífera de las transnacionales que operan en Chile, produciendo en el mercado mundial una sobreoferta que hizo caer drásticamente los precios. El período de recuperación comenzó con la reactivación económica de los países occidentales y el fuerte aumento de la demanda de China, que, con tasas de crecimiento de entre 9 y 10 por ciento al año, lidera la demanda de materias primas y se ha convertido en la cuarta potencia económica mundial. En Chile se produjo también un aumento de las inversiones en el cobre. En 2000 la inversión extranjera registraba una baja anual del 20% y en la actualidad ostenta un crecimiento del 23%.

En junio de 2002 un grupo de personalidades ligadas a la defensa del cobre presentó una demanda civil contra las transnacionales por el daño directo que sus prácticas habían causado al Estado desde el momento de la transición. Lo estimaron en 32 mil millones de dólares. En la demanda abordaron el tema de la sobreproducción, de la evasión tributaria, de los fraudes cometidos con los precios de transferencia, el pago excesivo de intereses por préstamos proporcionados por la casa matriz o alguna filial, los costos de seguros y fletes abultados, etc.

A pesar de estas denuncias -en las que destacó el ex senador Jorge Lavandero- que demostraron que las transnacionales eludían impuestos y burlaban la ley, nada hizo el gobierno. Una acuciosa investigación realizada por las comisiones de Hacienda y Minería del Senado llegó a conclusiones similares, que no lograron conmover al Ejecutivo, preocupado de mantener las mejores relaciones con las transnacionales a sabiendas de que éstas se aprovechaban de esta situación.

Entonces, detonó el caso Disputada. Propiedad de Exxon, la transnacional decidió vender Disputada a la Anglo American en 1.700 millones de dólares. Disputada no había pagado nunca impuestos. Durante veinticuatro años declaró pérdidas. Entretanto, en el período total produjo más de tres millones de toneladas de cobre fino por un valor cercano -entonces- a 6.200 millones de dólares. Supuestamente, la empresa constituía un pésimo negocio dada la situación de pérdidas permanentes. Sin embargo, Anglo American estuvo dispuesta a pagar 1.700 millones de dólares, y con ello hacerse de un crédito contra el Fisco por 700 millones de dólares, por lo que es probable que Anglo American tampoco pague impuestos durante el resto de vida útil del yacimiento.

Aunque las transnacionales siguieron haciendo su agosto, en el gobierno de Lagos quedó claro que la opinión pública estaba preocupada y no creía en la limpieza y honradez de las transnacionales. Por primera vez comenzaron a perfilarse sus exacciones en perjuicio de Chile.

Finalmente, en el gobierno de Lagos, después de un tímido intento de royalty para la minería rechazado en el Congreso, en una segunda tentativa se aprobó un impuesto específico del orden del 5%, escalonado, que tendría un rendimiento de alrededor de cien millones de dólares al año, destinado en su mayor parte a un fondo de innovación tecnológica. El proyecto aprobado contó con el visto bueno de las empresas extranjeras. Sin embargo, ahora, cuando se acerca el día en que debe pagar, minera Escondida ha notificado al gobierno que no cancelará el impuesto porque un socio minoritario está acogido a invariabilidad tributaria, circunstancia que “arrastraría” a los accionistas mayoritarios. La lógica lleva a pensar que el socio acogido a la invariabilidad no debe pagar el impuesto específico llamado royalty, y sí deben hacerlo en proporción a sus acciones los que no gozan de la invariabilidad tributaria. Pero ese será un problema que deberá resolver la presidenta Michelle Bachelet.

LA INVERSION EXTRANJERA

En Chile se ha configurado un cuadro complejo en cuanto a la manera como funciona la inversión extranjera, que ha agravado el gobierno de Lagos con las garantías a la inversión extranjera que ofrecen los distintos tratados de libre comercio suscritos por el país.

Esos tratados han sido pilares en la política económica del presidente Lagos. Corresponden a formalizaciones de las relaciones económicas internacionales en el marco de la globalización neoliberal. Lógicos y razonables en la mayoría de los casos -en que se trata de economías complementarias y/o de aprovechar ventajas para las exportaciones chilenas, acoger inversiones que signifiquen recursos externos y además tecnología y asegurar intercambios fluidos-, pasan a ser discutibles cuando se trata de relaciones con grandes economías. Especialmente en el caso del TLC con Estados Unidos que tiene, además, sentido geopolítico de alianza y vinculación estratégica. Lo esencial allí son las garantías para las inversiones norteamericanas y su calidad de “primer paso hacia el Alca”. Como ha sido reconocido por el presidente Bush, y caracterizado por el ex secretario de Estado Colin Powell: “Nuestro objetivo con el Area de Libre Comercio de las Américas (Alca) es garantizar para las empresas norteamericanas el control del territorio que va desde el Polo Artico hasta la Antártica y el libre acceso, sin ningún obstáculo o dificultad, a nuestros productos, servicios, tecnología y capital en todo el hemisferio”, declaró.

El TLC con Estados Unidos fue la culminación exitosa de la opción tomada por la Concertación de privilegiar la relación con la superpotencia en desmedro de entendimientos con los países latinoamericanos, que en su mayoría rechazan el Alca y buscan caminos complementarios y de ayuda mutua en el plano económico y también en las relaciones políticas, lo que ha provocado un creciente aislamiento de Chile que sólo en los últimos meses del gobierno de Lagos parece haber sido comprendido en sus verdaderas dimensiones. Los múltiples tratados de libre comercio, finalmente, se convirtieron en logros mediáticos que convencieron a muy amplios sectores de que Chile está a poca distancia de transformarse en país desarrollado y que es considerado un socio deseable -y virtualmente indispensable- para los países más influyentes del planeta. Algo que, obviamente, sólo contribuye a la autocomplacencia y el engreimiento de los sectores dominantes y juega como cortina de humo para el conjunto de la población.

TLC, Negociaciones....

Pese a las dificultades derivadas de la decisión de Chile de no apoyar el uso unilateral de la fuerza en Irak, y tras catorce rondas de negociación, se firmó el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Chile y EEUU.

De esta forma, Chile se convierte en el primer país de América Latina, aparte de México, en suscribir un pacto comercial con la principal potencia mundial. Sin duda, la misión no fue fácil. Chile es un país pequeño, ubicado en el último rincón del mundo, y con un mercado reducido. ¿Cómo se explica entonces el éxito del equipo negociador?

¿POR QUÉ NEGOCIAR? Desde el retorno a la democracia, Chile ha desarrollado una política negociadora de acuerdos comerciales con sus socios más importantes.

De esta forma y acorde con el objetivo de hacer política exterior primero “en el barrio”, los gobiernos de la Concertación privilegiaron los tratos con América Latina y luego Canadá. Después se iniciaron las negociaciones con economías más desarrolladas, como la Unión Europea, Corea del Sur y Estados Unidos, que culminaron -tras intensas reuniones- en 2002.
En la práctica, debido a que Estados Unidos es el principal socio comercial y el más importante inversionista en Chile, el TLC permitirá un aumento relevante de las exportaciones, la posibilidad de acceder a productos más baratos y aumentar la generación de empleo. Ello, porque -se estima- los principales beneficiarios del TLC serán las industrias manufactureras, que son las que generan más trabajo e incorporan mayor tecnología a sus productos.



Asimismo, se acordaron mecanismos para defender los intereses comerciales chilenos en Estados Unidos y se definen procesos transparentes para resolver controversias comerciales. Ello fortalece además la estabilidad económica y mejora la clasificación de riesgo de Chile, un asunto de suma importancia para atraer nuevas inversiones.

EFECTOS

Uno de los principales efectos del TLC es que todos los productos que se exporten al mercado norteamericano gozarán -en distintos plazos con un tope de doce años- de exención arancelaria.

Así, el 95 por ciento de los productos nacionales exportados a EE.UU. tendrá desgravación inmediata y sólo un 1,2 por ciento gozará de una desgravación en un período entre diez y doce años.

En el área agrícola, los plazos de desgravación son más largos, para dar la oportunidad de ajustarse a las nuevas condiciones. Si bien los aranceles serán eliminados en el tiempo, el TLC tiene cláusulas que protegerán a los productores chilenos de alzas súbitas de importaciones agrícolas desde EE.UU.

Además, el sector obtuvo importantes beneficios: el 80 por ciento de sus exportaciones tendrá arancel cero una vez entrado en vigencia el acuerdo y en un plazo de doce años, el 100 por ciento del comercio agrícola actual y potencial tendrá desgravación total.

Se establecieron, además, buenas perspectivas para el sector vitivinícola, garantizando el acceso en el mediano y largo plazo, además de certificar que ningún otro país gozará de mejores condiciones de acceso.





Lagos... un Cambio.


El 2000, Chile vivía uno de los momentos económicos más complicados desde el retorno a la democracia. La crisis asiática afectó enormemente el mercado interno y especialmente al ámbito laboral, con cifras de desocupación que superaban los dos dígitos. En este contexto, el Ejecutivo instauró una serie de medidas que apuntaban, por un lado, a entregar una ayuda inmediata a quienes se encontraban sin trabajo; y, por otro, estableció nuevos programas para reducir de manera sostenida y en el mediano plazo los índices de cesantía.

La evolución de las cifras de empleo demuestran que las decisiones tomadas por el Gobierno fueron correctas, y tal como lo recalcó el Mandatario, “el desempleo es un recuerdo del ayer”.

En este sentido, los últimos indicadores entregados por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) proyectan un futuro más estable para el mercado laboral. En el trimestre móvil noviembre-enero 2006, la desocupación alcanzó un 7%, medio punto menos que en igual período del año anterior.


El secretario de Estado destacó que durante la administración del Presidente Lagos se crearon anualmente cerca de 100 mil nuevas plazas laborales; además, en los últimos meses se logró que la fuerza de trabajo (personas mayores de 15 años que se encuentren en la condición ocupados -desocupados) creciera en menor número que las nuevas plazas laborales; y en seis años la cesantía bajó más de un punto porcentual. “En la medida que nuestra economía sea capaz de crear una mayor cantidad de empleo, con más rapidez y dinamismo que el aumento de la fuerza de trabajo, tenemos un indicador que va por buen camino” sostuvo Ljubetic.

Otro punto que destacó Ljubetic fue la mayor incorporación de las mujeres al campo laboral que se observó en los dos últimos años. “En el caso de las familias más pobres esta entrada representa un segundo ingreso a las familias, facilitándoles así la posibilidad de salir de la situación en que viven”, puntualizó.

El secretario de Estado también dijo que se ha producido un reordenamiento en los sectores que crean empleos, lo que explica la paulatina caída que ha mostrado la industria en el último tiempo. “El sector terciario y servicios es el que presenta mayor actividad, lo que es una tendencia internacional. De esta forma se explica el menor dinamismo que han experimentado otros rubros, como el industrial”.

Excedentes del Cobre:


En el Gobierno de Michelle Bachelet, se produce un fenómeno importantísimo. La gran cantidad de excendentes del cobre chileno. Ha habido muchas disputas de los fines que el gobierno debiera dar a estos fondos, y la Presidenta en su discurso del 21 de mayo de este año se refirió expresamente del tema:

Dos fondos para excedentes del cobre

En este punto, dio una clara señal de prudencia, a modo de calmar a aquellos sectores que presionan para un gasto inmediato de esos recursos.
"El precio del cobre constituye una oportunidad, pero también un desafío", declaró la Presidenta.
Y de inmediato aclaró que se gastará una parte de los excedentes y se ahorrará otra, pero siempre dentro de la regla del superávit estructural del 1 %.
A continuación, la Presidenta dio respuesta a las dudas respecto de en qué se gastará el dinero del cobre: "Mi gobierno, en el proyecto de ley de Responsabilidad Fiscal, ha propuesto al Congreso la creación de dos fondos, uno de Garantía de Pensiones y otro de Estabilización Económica y Social. En estos fondos vamos a depositar los ahorros de este auge pasajero" .